viernes, 24 de febrero de 2012

una mala noticia con muy buen fondo

El Juzgado de Instrucción número 4 de Málaga está investigando un caso curioso.
Presuntamente, una academia vendía títulos académicos oficiales falsos. Los títulos costaban entre los quinientos o mil quinientos euros. El falsificador se lo curraba de lo lindo: parece que era muy bueno en el oficio. A los compradores de títulos falsos los movía intereses muy nobles y encomiables: jóvenes que se compraban el título de la ESO para poder acercarse a cualquier entrevista de trabajo; personas que invertían sus ahorros en un papel que les reconociera su título de Bachiller para poder mejorar de posición laboral; o padres que les regalaban a sus hijos estudios nunca realizados para recuperar el tiempo perdido y hacer borrón y cuenta nueva.

La noticia es estupenda. Estudiar, aprender, prepararse culturalmente aún sirve para algo, es importante; incluso, imprescindible. No hay duda de ello cuando hay gente que intenta conseguirlo fraudulentamente.

Para aquellas personas que se dedican a la enseñanza, noticias como estas deben ser como el mejor de los reconocimientos a su trabajo diario, pausado, esforzado y con resultados lentos pero, según lo visto, casi siempre seguros.

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