Los españoles estamos en crisis económica. Tristemente nadie lo pone en duda hoy en día.
Pero, toda crisis es un paso intermedio entre dos periodos: uno, que se ha diluido bajo nuestros pies como por arte de magia; y otro, cuyo futuro no se adivina en el horizonte. Por lo tanto, es normal que la crisis provoque dolor por lo perdido e incertidumbre y angustia por lo desconocido.
A pesar de todo, lo único que no deberíamos hacer es darnos por vencidos y no actuar ni luchar. ¡Hay que salir! ¡Hay que avanzar! Y el problema a resolver es evidente: ¿hacia dónde?
Lo que sí está claro es que España no ha destacado por tener una base asentada ni en la industria ni en su estructura financiera. Hemos avanzado mucho en poco tiempo; pero, en estos terrenos, no podemos considerarnos ni fuertes ni autónomos ni mucho menos invencibles.
Sin embargo, sí que España ha destacado en cultura. Nuestro potencial en cultura y, de manera especial, gracias a nuestra lengua, el español, es llamativo y, si no insuperable, sí envidiable.
Por todo esto, no deberíamos echar piedras contra nuestro propio tejado.
Y no deberíamos abandonar nuestra cultura sino fomentarla: porque ahí sí que somos fuertes. Y la cultura, no lo olvidemos, también es un bien económico y muy potente si se trabaja con decisión, entusiasmo y esfuerzo.
¡Cuidado: trabajemos todos juntos por la educación y la cultura de nuestros jóvenes! La educación y la cultura, además de ser bienes particulares, son también bienes públicos, y no es ninguna perogrullada apostar por ellos incluso para salir de la crisis.
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