martes, 27 de marzo de 2012

qué buen vasallo si tuviese buen señor

Sara Fernández García nos ofrece su testimonio de lo vivido como universitaria cooperante a finales de 2010 en Camerún.

Casi siempre la vida es una paradoja: los cameruneses le han expresado toda su gratitud por la ayuda recibida; Sara afirma que la primera agradecida es ella, porque bien pudiera resultar que haya recibido más de lo que ha dado; y los demás no dejamos de admirar a Sara y a todos esos jóvenes que no sólo piensan en el prójimo sino que también actúan en su ayuda desinteresadamente y con el corazón por delante.


Cuando hemos visto las imágenes, no hemos dejado de imaginarnos el miedo de la madre de Sara el día que la vio partir hacia el Camerún, aunque también hemos de confesar lo mucho que nos hubiera gustado transformarnos en ella el día que fue al aeropuerto a recibir con los brazos abiertos a su hija después de esta experiencia.

¡Qué gran juventud nos rodea!
Sólo nos queda esperar que la sociedad y nuestros dirigentes sepan apreciarla y le ofrezcan la oportunidad que tan bien se ha ganado.

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